Lunes, 08 de noviembre de 2004
Me perguntaran ustedes cómo me volví loco. Fue del
modo siguiente. Hace mucho, muchísimo, mucho
antes de que hubieran nacido muchos dioses, desperté
de un profundo letargo y noté que todas mis másca-
ras habían sido robadas. Sí, las siete máscaras que yo
mismo me había hecho y utilizado en mis siete vidas.
Y sin máscara corrí por las calles llenas de gente
gritando: ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!
Hombres y mujeres se rieron de mi, y muchos se
Refugiaron en sus casas, con miedo.
Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven
que estaba de pie en el tejado de su casa, gritó seña-
lándome: ¡Es un loco! Alcé los ojos para mirarlo, y
fue entonces cuando el sol bañó por primera vez mi
rostro desnudo. Por primera vez el sol bañó mi rostro
desnudo y mi alma se hinchó de amor al sol, y no qui-
se volver a tener máscara desde entonces. Y como en
trance grité: ¡Benditos!, ¡benditos ladrones que ro-
baron mis máscaras!
Así fue como me convertí en un loco.
Y entonces encontré tanta libertad y seguridad en
mi locura; la libertad de la soledad y la seguridad
de no ser nunca comprendido, porque quienes nos
comprenden nos vuelven esclavos.
Pero no permitan que me enorgullezca demaciado
de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está
a salvo de otro ladrón.
Por: RobertoC | Cuentos | Comentarios (0) | Referencias (0)
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
www.flickr.com
|