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Viernes, 01 de julio de 2005

Hace seis años...

Hace seis años un niño salió de la escuela con la ilusión de comer un buen helado de limón con el anciano que normalmente se los regalaba. Hace seis años un niño salió de la escuela con la esperanza de pisar nuevamente ese hospital (ese frío y lúgubre hospital) sabiendo que su querido viejo se encontraba un poco mejor, ya algo despierto… vivo como era él: Tocando su rubia guitarra, correteando a la viejita, mordiéndose la palma de la mano, caminante… él y su bastón que podían recorrer tanto camino como se les pusiera enfrente.

Pero ese día no fue lo que pensó, no fue NADA de lo que pensó.

El anciano de los helados no estaba, era el primer día desde que tenía memoria en que se encontraba ausente, su lugar… en la esquina del salón de sexto estaba vacío. Faltaba el pequeño carro de un color verde cremoso adornando la simple esquina en la que ya no había más que hormigas y suciedad.

El niño, decepcionado y sin actividad alguna decidió esperar a su padre. Normalmente éste lo recogía a las dos en punto, máximo dos diez, pero ese día no sería así.
El niño esperó y esperó: las dos y cuarto, dos veinte, dos y media, dos cuarenta, dos cincuenta. El pobre infante ya con la idea de que su padre lo había dejado ahí, olvidado, en la banqueta azul de esa escuela que no ofrecía más que una insensible puerta metálica color gris soltó unas lágrimas (de tristeza o de miedo que se yo) que después ahogarían a uno o dos desorientados insectos.

Después de la larga espera que para el crío pareció centenaria apareció su padre, con la cara pálida y los ojos carmesíes, el niño sabía que algo no estaba bien. El padre tomó la mano del niño y caminando en silencio se sentaron en una pequeña banca localizada en la esquina de un parque no muy grande. El hombre seguía sin decir nada, aunque decía mucho con su mirada.

-Sabes lo que es la muerte. ¿Verdad?- dijo el señor con una voz algo quebrada mientras posaba su mano sobre el hombro del niño.

-Sí- contestó el niño tan fríamente como puede ser la nieve, tan fríamente como puede ser un invierno sin nadie, tan fríamente como puede ser la muerte.

El hombre y el niño se abrazaron fuertemente, como no se han vuelto a abrazar. Se rodearon el uno al otro con los brazos como cuerdas vigorosamente amarradas a la cintura y lloraron lo más silenciosamente posible.

De camino al hospital, los dos guardaban silencio, un silencio sepulcral que a cada uno se le enterraba en la piel, en la carne.

Por: RobertoC | Personal | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Hermano, la cagué.
Ya está lo de flickr, sólo que se borraron algunas cosas (en realidad fue todo lo que tenías en el menú), pero ya le di forma de nuevo, lo único que no sé es que links tenias para enlazarlos. Dejo el campo vacío y me decís después.

Una disculpa.

Saludos.

Bernavé a secas | 11-07-2005 03:41:18

En serio así paso??? por que yo no sabía eso?? mmmmmmmmmmm estoy contenta por que no me ha pasado eso y estoy más contenta de todavía no desear la muerte de tus padres... no lo haré te lo prometo, pero jamás sentirás como me hacen sentir a mí

Zu | 25-07-2005 04:20:46

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