Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Domingo, 24 de julio de 2005

La Luna Azul (La primera luna)

En su viaje por recorrer las tres lunas buscando comprender, sentir el amor Aimee tuvo un percance.

Salió antes del alba con una bolsa amarrada a un palo que posaba sobre su hombro, en la bolsa tenía lo más importante: provisiones (no muchas claro), un buen libro y una libreta azul.

Caminó todo el día meditando y cantando una canción en especial con una tonada tranquila, la canción decía algo así:

Blue Moon
You saw me standing alone
Without a dream in my heart
Without a love of my own
Blue Moon
You know just what I was there for
You heard me saying a prayer for
Someone I really could care for
And then there suddenly appeared before me
The only one my arms will hold
I heard somebody whisper please adore me
And when I looked to the Moon it turned to gold
Blue Moon
Now I'm no longer alone
Without a dream in my heart
Without a love of my own
And then there suddenly appeared before me
The only one my arms will ever hold
I heard somebody whisper please adore me
And when I looked the Moon had turned to gold
Blue moon
Now I'm no longer alone
Without a dream in my heart
Without a love of my own
Blue moon
Now I'm no longer alone
Without a dream in my heart
Without a love of my own


La cantaba pausadamente mientras suspiraba y repetía el nombre Frank.



Al llegar a la primera luna, conocida como la Luna Azul, buscó algún lugar para pernoctar ya que estaba oscureciendo y el frío (mas intenso en esa luna) estaba comenzando a presentarse.

Buscó por las calles, tocó puertas, pero no encontraba respuesta. Al final terminó refugiándose en un pequeño callejón oscuro bajo una losa que se veía algo frágil.

El sueño comenzó a vencer sus párpados aunque el frío oponía resistencia; se frotaba el pecho con las manos mientras trataba de juntar todas las partes de su cuerpo hasta dejarlas tan comprimidas que no pudiera entrar el aire o al frío.

Con la mirada ya algo turbia por el sueño logró observar una silueta que caminaba hacia ella.

-¿Qué hace una niña como tú en una calle tan oscura como esta? –Dijo la silueta con una voz varonil-, estas calles no son un lugar para gente como tú.

Aimee entre su sueño no pudo hablar, creyó estar soñando así que solo se dejó vencer por el casancio y no supo nada más.

El hombre la levantó junto con sus cosas y la llevó hasta su hogar.

Llegaron a su casa pasada la medianoche, el hombre recostó a Aimee en un sofá junto a una pequeña chimenea, le colocó un par de frazadas y la dejó dormir.



A la mañana siguiente, Aimee despertó temprano, observó su alrededor y se desconcertó. No sabía que estaba pasando.

Trató te conservar la calma mientras analizaba la escena, la habitación. Observó la chimenea, el suelo manchado de carbón, una mesa la cual estaba llena de libros, hojas, lo cual llamó la atención de Aimee pero no tanto como lo que estaba a punto de observar: Sobre la chimenea, en un marco de oro se encontraba una pluma, pero no era cualquier pluma, era una pluma con colores que Aimee no conocía pero le parecieron hermosos. Al lado de ella había un tintero color azul que se parecía levitar junto a la pluma.

Aimee devorada por la tentación quiso tomar la pluma, esconderla, poseerla y lo hizo. Se subió en una silla, descolgó el marco, rompió el cristal y tomó la pluma y el tintero, salió por la ventana y corrió, corrió muy rápidamente y se perdió en el horizonte.

Poco después el hombre entró al cuarto y observó que su pluma había sido robada, guardó silencio y comenzó a llorar.

-¡Al fin descansaré en paz! –Fueron sus últimas palabras mientras caía al suelo.



Aimee corrió y corrió, poco a poco alentó el paso hasta quedarse completamente detenida. Miró la pluma y el tintero en sus manos, entonces sintió tristeza, una profunda y penetrante tristeza, se sentó y lloró por algunos minutos.

Aún con lágrimas en los ojos, Aimee sacó su libreta azul, abrió el tintero, remojó en él la punta de la pluma y comenzó a dibujar un curioso personaje un tanto amorfo y rudimentario (Aimee tenía la costumbre de dibujar cuando se sentía triste, regularmente dibujaba bien, pero esta vez solo dibujó a éste personaje con las formas básicas de líneas y círculos).

Al terminar de dibujarlo pudo ver que se comenzaba a mover, comenzaba a tener movimientos faciales, expresiones, comenzaba a tener vida.

Aimee se olvidó de su tristeza al ver esto, quedó fascinada, poco a poco pudo hablar pero no sabía que decir, no sabía si decir algo.

El pequeño y animado personaje quedó viendo a Aimee con una mirada algo confusa (al menos eso pensó ella ya que debido a su estructura no podía expresar muchas facciones).

-¿Quién eres tú? –Dijo el personaje desde la hoja de papel.

Aimee no podía contestar, no podía creer lo que sucedía.

El personaje al ver la falta de palabras en Aimee decidió inspeccionar el lugar en el que se encontraba (no era mucho debido a que Aimee sólo lo había dibujado a él).

Aimee seguía sin decir una palabra. Únicamente observaba.

Observó cómo el personaje caminaba, se movía, volteaba pero estaba solo, muy solo, así que comenzó a sentirse triste.

Al ver esto Aimee decidió crear a otra persona, a una mujer para hacerle compañía. Poco a poco fue trazándola lo más parecida posible al primer personaje.

Al fin, después de unos minutos ya había dos personajes en ese pedazo de hoja y Aimee no paraba de mirarlos, de admirarlos.

Después, Aimee observó que no tenían mucho espacio para moverse, así que poco a poco fue anexando hojas más y más grandes para ampliar el mundo de estas dos personitas.

Los pequeños personajes también observaban a Aimee y la denominaban como “El Creador” y le tenían hasta cierto cariño, poco a poco el hombre y la mujer fueron explorando lo ancho de las nuevas hojas, pero no tenían lo que querían, entonces se pusieron muy tristes.
Aimee al ver su tristeza pensó en una solución para el problema, pensó y pensó hasta encontrar la solución. Ella les dibujó una pluma mágica a cada uno, para que ellos crearan las cosas que quisieran, las cosas que necesitaban.

Poco a poco los personajes empezaron a crear su propio mundo, cada vez más grande. Entonces ya no miraban a Aimee, seguía cada personaje creando y creando y aprendieron a destruir, a no crear, a decidir, a pensar. Aimee se volvió obsoleta, innecesaria y fue desechada, ya no era “La Creadora”, sino que los personajes eran “Los creadores” y para ellos ella ya no tenía ningún valor.

Aimee no tuvo más remedio que dejarlos ahí, creando su mundo o destruyéndolo. Caminó ya casi de noche hasta la orilla de un lago, bajo un árbol en donde pasaría la noche.

Ahí, viendo la noche, comenzó a comprender, a sentir.

Entristecida por lo ocurrido, aventó la pluma con todas sus fuerzas hacia el lago y dejó caer ahí la tinta que comenzó a oscurecer el agua.

Enmedio del frío intentó dormir, ya que mañana le esperaba una larga jornada.



Por: RobertoC | Aimee | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Yo diría que su escrito va acorde con esta canción:

"Que quiero brincar planetas hasta ver uno vacío, que quiero irme a vivir, pero que sea contigo".

Espero/amos las siguientes lunas con paciencia.

Saludos.

Bernavé a secas. | 24-07-2005 19:39:25

Me gusto el cuento, mucho mucho, creo que le falto detalles pero también creo que está muy bien así, y siento que es un pensamiento original o un cuento diferente a mí me gusta mucho, TE AMO MUCHO Y SIN DUDA SOY TU ADMIRADORA #1 PERO en estos casos seré tu amiga que lee un cuento tuyo (y que kiere contigo) pero que te dice la verdad :D TE ADORO

TUYA AZU

La chaparra | 25-07-2005 03:43:53

Comentar


Recordar datos

Acerca de

Búsqueda

Tagboard

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

Flickr

    www.flickr.com
    Roberto C's photos More of Roberto C's photos