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Domingo, 31 de julio de 2005

Bladi

El despertador sonó a las 5:30 AM, hora exacta en que este se detuvo pues el segundero no avanzaba. Bladi era un hombre de origen vasco, había llegado a tierras mexicanas hace aproximadamente dos años y se había instalado en Chiapas hace uno. En este periodo había escrito algunos libros turísticos y los había publicado con un escaso pero existente éxito que le había permitido vivir sin problemas económicos durante algún tiempo.

Bladi despertó aturdido y con una jaqueca poco usual en él, sentía el cuerpo pesado, débil como si no hubiera podido conciliar el sueño en una larga temporada. Se movía constantemente dando vueltas –en una cama la cual sentía un poco diferente pero no le dio importancia- hasta que al fin decidió levantarse.
Se sentó un rato en el borde de la cama mientras su cabeza cedía constantemente a la gravedad, buscó sus pantuflas pero no las encontró donde usualmente las acomodaba, se levantó y se dirigió hacia el interruptor de la luz, no lo encontró.

Un poco desorientado palpó lentamente la pared buscando el interruptor, hasta que lo encontró. Se sentía estúpido al tener que buscar sus cosas, y más estúpido al tener que buscar el apagador en su propia habitación.
Finalmente encendió la luz, al ver la alcoba en que se encontraba hubo un silencio, un silencio prologado como de asimilación. No era su recamara. Inexplicablemente había despertado en una habitación que era completamente ajena a él, no sabía en qué lugar se encontraba. Corrió rápidamente hacia la puerta, giró la perilla pero ésta estaba cerrada con llave.

Observó cuidadosamente su alrededor, las cortinas color turquesa, la cama de metal y las frazadas. Observó una pequeña mesa y algunos platos sucios en ella. Seguía sin entender, seguía sin asimilar lo ocurrido. Con algunos pasos trémulos recorrió cada rincón de la habitación, ésta no era muy grande pero aún así la recorría lentamente. La jaqueca poco a poco aumentaba, pero era extraña, le dolía únicamente en algunas partes de la cabeza.

Bladi había estado pensando en las posibles razones de su estancia en esa recámara, pero por más que pensaba sólo llegaba a una conclusión: Había sido secuestrado.

Él era una persona muy nerviosa así que rápidamente se comenzó a agitar, los latidos de su corazón aceleraron drásticamente y su tez cambió a un blanco muy claro. Después de esto intentó calmarse, se sentó en la cama y pensó cómo saldría de esto.

-Me van a matar –Pensó mientras soltaba un llanto de desesperación.

Poco a poco se fue calmando, se recostó de bruces y hundió su cara en la almohada pensando que podrían ser sus últimos momentos de vida, al menos claro que alguien lo ayudara. Se volteó mirando al techo y pensó, pensó en lo que había hecho de su vida, pensó en si todo lo que había hecho era suficiente pero no llegaba a ninguna conclusión. Al fin determinó que si quería salir de ahí lo tenía que hacer él mismo así que se levantó y comenzó a recolectar cualquier objeto que le pudiera ser útil.

Recolectó todos los objetos que pensó podrían ayudarle–los cuales curiosamente eran bastantes-, encontró unas tijeras, un cuchillo, algunas cucharas, tenedores, cinta adhesiva, algunos discos y el armario lleno de ropa, lo raro es que toda era de su talla.
Colocó todas las cosas sobre la cama y comenzó a revisarlas detenidamente.

-¿Por qué me habrán dejado tantos objetos? –Musitó – En especial ese cuchillo ¿Lo habrán dejado para que me suicide cuando la desesperación me consuma?

Había muchas cosas curiosas en esa habitación y muchas cosas que Bladi no entendía, como el por qué de tanta comodidad, pensaba que cuando secuestraban a alguien lo tenían encerrado en un armario, amordazado y amarrado. Pero a él lo tenían en buenas condiciones.


Dejó esos pensamientos por un momento, tomó el cuchillo y lo colocó en una de sus bolsas, sabía que única vía para salir de ahí era la puerta –ya que no había ventanas -, así que decidió sentarse a un lado de la puerta a esperar a que alguno de sus secuestradores entrar y en ese momento clavarle el cuchillo.

Esperó varias horas, perdió la cuenta después de la quina, poco a poco sus ojos y su espalda se fueron cansando, se quedaba dormido hasta que una plática lo despertó.

-¡Que lástima lo del accidente! –Dijo una voz femenina que Bladi no reconoció.
-¿Memoria a corto qué? ¡No comprendo tanto tecnicismo! –Exclamó otra voz igualmente femenina.

Bladi no entendió nada, lo único que pensaba era que tenía que salir de ahí y para hacerlo él tenía que estar despierto así que se golpeó las mejillas y prosiguió con su espera.

Pasaron así más horas y sentía cómo la noche se iba presentando, dentro de su bolsa sostenía fuertemente el cuchillo mientras distraía su mente tratando de calcular la hora ya que el reloj despertador seguía dando las 5:30 AM.

El sueño y el cansancio poco a poco lo iban consumiendo e imaginaba –entre su sueño- la verde selva lacandona que tantas veces recorrió, los pueblitos, las ciudades, las personas, en fin, tantas cosas que conoció y que experimentó para terminar así, encerrado en un cuarto esperando a que su verdugo entrara por esa puerta.

Su paranoia iba en aumento, cada minuto que pasaba era un minuto menos que podría vivir, comenzó a sentir un miedo como nunca lo había sentido: profundo, hiriente. Cerraba los ojos y trataba de contenerse pero el miedo era mayor que sus fuerzas.

-Se siente como punzadas –Se dijo -, se siente como si te inyectaran miedo entre las venas.

Súbitamente se levantó, comenzó a golpear todo, estaba como poseído tal vez por el miedo o simplemente ya se había vuelto loco. Golpeó lo que pudo con todas sus fuerzas hasta quedar rendido, exhausto.

Estrepitosamente soltó el llanto, las lágrimas le supieron a hiel, amargas. Desconsolado hizo lo único que podía hacer: esperar. Apagó la luz, se recostó de lado en la cama y esperó a que el sueño por fin lo venciera, esperó a que todo por fin terminara de una u otra manera.

Poco a poco le iban pesando los párpados hasta estar ya más dormido que despierto. Turbiamente vio como la puerta se abrió, y observó una silueta oscura que entraba y se acercaba lentamente a él. Bladi ya casi completamente dormido vio que la sombra lo cubría con la frazada, lo acomodaba, dejaba algunos platos con comida y se llevaba los sucios, Bladi no se esforzó por abrir los ojos, ni si quiera se esforzó en moverse, únicamente se encomendó a Dios y durmió.

(...)

El despertador sonó a las 5:30 AM, hora exacta en que este se detuvo pues el segundero no avanzaba. Bladi no reconocía en donde se encontraba, pero inconcientemente estaba seguro que cada día iba a despertar en una habitación que no conocía.




Por: RobertoC | Cuentos | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

como t inventast un cuento con mi nombre agregame

bladi | 12-12-2006 23:33:01

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